La violencia en el deporte no escapa a la violencia que existe en la sociedad de nuestro país. La explicación, así como su posible erradicación, no debe buscarse exclusivamente en el deporte, es un tema social que nace desde los primeros pasos de una persona.

Podemos encontrar diferentes formas de agresión y violencia en los distintos ámbitos de la actividad humana: relaciones personales, laborales, familiares, profesionales, políticas, comerciales, por lo tanto, no debería extrañarnos cuando esta aparece en uno de los ambientes más característicos e importantes de la sociedad contemporánea, el deporte.

Varios aspectos influyen en el cuerpo y mente de una persona a la hora de realizar una competencia deportiva, ya sea a nivel amateur o profesional: su educación, la familia, infancia, adolescencia, alimentación, valores, amistades, etc.

Ello sin tomar en cuenta la cada vez más importante influencia del alcohol y las drogas como factores determinantes a la hora de cometer actos violentos.

Todos ellos son aspectos sociológicos que muchas veces no se toman en cuenta a la hora de tener que evaluar el comportamiento de un deportista que se maneja fuera del reglamento e incurre en hechos de violencia.

En nuestro país en los últimos años hemos tenido hechos de violencia en varias disciplinas a todos los niveles. En partidos de inferiores, tanto de básquetbol como de fútbol, ha habido incluso incidentes con armas de fuego!

A nivel de primera división en básquetbol son reiterados los incidentes y los partidos que deben suspender por agresiones entre deportistas, hinchas o contra los árbitros; basta recordar lo que fueron las finales del Federal entre Welcome y Aguada, años atrás.

Pero la violencia alcanza a otros deportes no tan difundidos. Recientemente hemos visto como en el futsal ocurrieron verdaderas batallas campales entre parcialidades.

Pero sin dudas que lo que más llama la atención es la violencia en el fútbol. No sólo por ser el deporte más popular de nuestro país sino por ser, generalmente, donde se dan los más desagradables episodios.

En la última década, cada clásico pareció significar la ida a una guerra, a tal punto que tuvimos que lamentar más de una muerte en las cercanías del Centenario.

Las causas y los culpables no los debemos buscar exclusivamente en los parciales, hinchas o espectadores ya que muchas veces los dirigentes -con su inacción-, y los deportistas -con su incorrecto proceder-, contribuyen a generar un clima de violencia previo a la competencia, que enerva a sus seguidores. Basta recordar dos antecedentes clásicos para ver que eso es así.

El primero en abril de 1990 cuando Enrique Peña y Obdulio Trasante debatieron toda una semana acerca de la hombría de cada uno dejando de lado todo aspecto y análisis futbolístico del partido que tenían por delante; el resultado: 20 expulsados y suspensión del partido tras una batalla pocas veces vista en la historia de los campeonatos uruguayos.

Peña Trasante

Más acá en el tiempo encontramos el clásico del Torneo Clausura 2000 donde una vez finalizado el partido, y luego de un entredicho entre Richard Morales y Julio Rivas, se generalizó una trifulca que terminó con varios jugadores de ambas instituciones procesados con prisión por la justicia penal.

Muchas veces se confunde a la violencia con la vehemencia normal con que se desarrolla cierta actividad de un modo competitivo dentro de la lealtad que debe primar en una competencia.

La violencia se define como “todo cuanto se encamine a conseguir algo mediante el empleo de una fuerza, a menudo física, que anula la voluntad del otro”.

Debemos diferenciar los actos que ocurren durante la competición y que son susceptibles de ser catalogados como violentos y/o agresivos, respecto de los que transgreden las normas deportivas, las leyes sociales más amplias o las convenciones tácitas aceptadas por los contendientes acerca de lo que es lícito.

Regulación jurídica en nuestro país: La fórmula perfecta para erradicar la violencia en el deporte nadie la tiene. Mucho se habla de lo acontecido en Inglaterra donde, a raíz de los famosos “holligans” y luego de reiterados incidentes en toda Europa que los llevó a estar suspendidos varios años de competiciones internacionales, cambiaron la legislación e impusieron duras sanciones a todo aquél que promoviera disturbios en espectáculos deportivos: privación de libertad y prohibición de concurrir a escenarios, como los más notorios.

En nuestro derecho el tema está regulado en el art.323 del Código Penal. En él se hace mención a la RIÑA: “El que participare en una riña será castigado de 20 a 600 UR de multa o prisión equivalente…”.

En el segundo inciso se hace mención a la RIÑA CALIFICADA que sería, en definitiva, una reyerta confusa, tumultuosa, donde no se sabe quién la comenzó, la causó, etc.

Con el tiempo se agregó el siguiente inciso que regula la riña a nivel deportivo: ART.323 BIS “El que, con motivo o en ocasión de una competencia deportiva u otro espectáculo público que tuviera por objeto recreación o esparcimiento, durante su desarrollo o al ingresar o retirarse del mismo, participare en una riña o compeliere a participar en ella, la dirigiere o la propiciare, será castigado con pena de 3 a 24 meses de prisión”.

La Ley de Seguridad Ciudadana fue la que estableció los requisitos condicionantes de lugar y tiempo como agravantes del delito de riña.

Antes, la responsabilidad de los involucrados era la misma ya fuera a la salida del estadio, en la calle, etc. El mismo artículo establece, además, que “con la misma pena será castigado el que en las circunstancias del inciso anterior, portare armas o las introdujere en el recinto en que se desarrollare la competencia deportiva o el espectáculo público…”.

Si queremos sanciones ejemplarizantes, tomando en cuenta que el máximo castigo previsto no alcanza al mínimo para que un delito sea castigado con penitenciaría y se pueda procesar con prisión, concluimos que lejos se está de disuadir el accionar de los violentos.

Con esta normativa seguiremos teniendo riñas y hechos violentos en los escenarios deportivos cada vez más a menudo.

Desde hace años el mensaje a los violentos es: “hagan que no pasa nada! no hay sanción, no hay medidas de los dirigentes, no hay nada”!

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