Ha terminado el primer tiempo, le vamos ganando bien a Paraguay y sin embargo, en lugar de hablar del encuentro y sentirnos satisfecho por el juego de Uruguay, no se habla de otra cosa que del festejo de Gastón Pereiro tras convertir el segundo gol.

Me quedo con el saludo y sonrisa de Nandez a Pereiro al terminar la primera mitad y emprender camino al vestuario. Esa sonrisa del capitán de la selección y referente de Peñarol en este plantel, es más que suficiente para callar cualquier comentario fuera de lugar.

En lo personal el festejo no me pareció ajustado a la situación; se está representando a la selección nacional y no jugando por un equipo ni defendiendo sus intereses. Eso no implica que haya que dramatizar ni decir que un gesto como el que hizo significa una ofensa a sus compañeros o la gente.

Por las dudas a los hinchas de los grandes que estén leyendo y tomando partido, para un lado u otro, les recuerdo dos hechos lamentables y que sí implicaron una falta de respeto, protagonizados por dos de sus máximos ídolos.

Hugo De León al salir campeón con Uruguay de la Copa de Oro en 1981 (se dice 80 terminó en el 81) dio la vuelta olímpica con la camiseta de Gremio de Porto Alegre!

Leyeron bien. Cuando todo jugador se envuelve en su bandera o va a sus raíces y saca la camiseta del club de baby fútbol (uruguayo!) que le permitió llegar a coronarse nada menos que con la selección nacional, De León prefirió sacarse la celeste y ponerse la del Gremio, club que lo había comprado.

Pablo Bengoechea, por su parte, en el partido contra México por la Copa América de 1995 disputado en Montevideo, al ser sustituido dejó el brazalete de capitán tirado en la cancha ante el enojo por el cambio y al ver que “ningún compañero se le arrimaba”.

La cinta de Obdulio, Nasazzi y tantas glorias quedó allí, en el césped.

Claro que si se lo hubiese sancionado muy probablemente hoy tendríamos una Copa América menos.

Repito, no me gustó el festejo de Pereiro pero no da para gastar medio comentario tratándose de un joven que aún tiene muchísimo por aprender.

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