Sin entrar en consideraciones técnicas psicológicas o psiquiátricas, ni en el motivo que quedó expuesto en su nota previa a tomar la decisión de quitarse la vida en el centro del campo del Parque Central, quiero dar mi opinión sobre lo que entiendo un reconocimiento exagerado hacia la figura de Abdón Porte.

Entiendo que para llegar a una decisión tan terminante se tienen que dar algunos motivos que exceden al contexto deportivo de la situación que podía estar viviendo el jugador. El suicidio es una acción -egoísta- de escape a una realidad que te desborda, llevada adelante por una persona muchas veces enferma.

Considero que su actitud está lejos de ser un buen ejemplo para todo aquél que compite o integra un grupo que tiene un objetivo común.

Por otro lado me desconcierta el hecho de que, con los años, su leyenda haya desplazado en la consideración de los hinchas tricolores, a verdaderas glorias de la institución. Muchas de las cuales “los hinchas modernos” no saben ni cómo buscarlas en google; tal es el caso de Don Ángel Romano.

El “loco” fue contemporáneo de Abdón y nació futbolísticamente en “la cantera inagotable”, a diferencia de Porte que salió del Colon Fútbol Club.

Además Romano fue multicampeón con Nacional y la selección uruguaya; es, o debiera ser, una referencia ineludible a la hora de hablar de los primeros logros deportivos de la institución a comienzos del Siglo XX.

Romano conquistó ocho campeonatos uruguayos y siete títulos internacionales con Nacional. Además fue campeón olímpico (1924) y seis veces campeón de América, siendo en dos de ellas el goleador del certamen!

Y trazo el paralelismo con Romano no sólo por el olvido circunstancial del “hincha moderno” sino por algo mucho más importante y que echa por tierra el argumento hoy utilizado por todos para justificar la decisión de Abdón; ese que dice que “dio la vida por sus colores”.

Ángel Romano ya con seis Copas América y un título olímpico llegó a 1930 con 37 años siendo aún jugador activo de Nacional. Ya no había concurrido a los Juegos de 1928 y físicamente no estaba apto para la cita mundialista; y vaya que tenía curriculum como para al menos integrar la lista del seleccionado dirigido por Alberto Suppici.

Sin embargo a él no se le ocurrió hacer lo que hizo Abdón.

Pese a su palmarés sabía que su ciclo como jugador estaba cumplido. Y eso es lo que a todo jugador le ocurre; llega el día en que alguien te desplaza y hay que estar preparado para ese momento.

Además, en épocas donde ni siquiera había cambios, acatar la decisión de un técnico sin chistar era justamente la mayor demostración de grandeza y compañerismo.

Eso sí es jugártela por los compañeros. Eso sí habla bien de un jugador que da todo por su equipo y siento que “lo más importante SIEMPRE es el equipo que integra”.

Cualquier otra actitud es muestra de egoísmo; es decirle al Dt que está equivocado y al compañero que te desplaza que tu sos más que él y no confías en lo que pueda llegar a hacer dentro de la cancha.

Anuncios